Ante la indolencia oficial, UNIDAD CIUDADANA

Desde el acto de Arsenal el pasado 20 de junio hasta la fecha, la política doméstica se ha visto sacudida por un vendaval de energía popular. La Unidad Ciudadana proclamada por Cristina ha llegado para quedarse, para revertir este ciclo infame de agresiones contra la gente de a pie. En los barrios, en las fábricas, en las escuelas y centros de salud, se ha levantado una voz potente resuelta a frenar el ajuste.

Este capítulo neoliberal que estamos padeciendo a la vez que vulgar y devaluado, descarga su furia indiscriminadamente. Como en la parábola de Brecht, la bestia irá por todo arrastrando a los sectores medios y a las fracciones débiles de la burguesía nacional a la fila de los perdularios. Hacen bien los humildes en organizarse casa por casa, manzana por manzana. Hacen bien los trabajadores, formales e informales, al replicar un mensaje que ya es un estigma para el gobierno. Macri gobierna para los ricos, para un centenar de familias de las cuales forman parte sus funcionarios y él mismo.

A diario, comprobamos con amargura cómo inclinan la cancha en contra de la gente. Ante todo, son injustos por beneficiar a los mismos de siempre y dejar librados a su suerte a los que más necesitan la protección del estado. Pero también son incapaces porque adoptan decisiones administrativas reñidas con el debido proceso. Por eso deben retroceder cuando funcionan los contrapesos institucionales o cuando la calle les hace saber que la indolencia estatal mata. Lamentablemente, con este gobierno injusto e incapaz la excepción es la regla. Retrocedieron con las tarifas, con el Correo, con los jubilados, con el feriado del 24 de marzo. Cambian cardinalmente de opinión al compás de los focus group amparándose en un cinismo desvergonzado.

Injustos, incapaces e insensibles. Nada hace suponer que cambien el temperamento a menos que la coyuntura gire 180 grados. Mucho se ha escrito sobre las elecciones de medio término. La literatura especializada coincide en afirmar que lo que se plebiscita es la gestión del gobierno. Nuestro gobierno fue a las urnas en 2005, 2009 y 2013 con resultados dispares pero siempre teniendo presente esta condición ineludible de la que venimos hablando. El pasado ya fue sometido a la consideración del electorado. No hay que caer en la trampa de Macri. Las penurias de nuestro pueblo son responsabilidad exclusiva de un elenco oficial más preocupado por la tasa de valorización del capital que en llevar bienestar a los hogares argentinos.

Con este gobierno planificar la vida cotidiana es, cuando menos, un dolor de cabeza. Pensar en vacaciones para vastos sectores de la población se ha vuelto una quimera. Un salario medio al décimo día hábil, prácticamente, ya está comprometido por la delirante carga tarifaria. En la medida que descendemos en la pirámide social, nos vamos a encontrar con más sueños frustrados, angustia y desasosiego. Lo que pasa en cada unidad familiar se reproduce a nivel país. Se desplomó el mercado interno y, por añadidura, la recaudación. Gastamos más de lo que tenemos y nos financiamos con deuda usuraria en plazos de hasta 100 años. Están amasando la herencia más pesada  de la que se tenga memoria. El Congreso tiene que investigar este proceso de endeudamiento hasta el último detalle identificando a los responsables del sector público y privado.

Como no tienen ningún logro para exhibir, apelan a lo peor, a lo más bajo. Se valen del erario público para financiar trolls, para montar campañas sucias, para perseguir opositores en triangulación con sus medios, jueces y fiscales adictos. Como en épocas infaustas, embarran la cancha acudiendo a los servicios de inteligencia. Son inescrupulosos. Le han declarado la guerra al empleado público al mismo tiempo que apiñan a su gente en cargos y estructuras desopilantes con remuneraciones muy por encima de la media.

La Provincia de Buenos Aires y el país en su conjunto, demanda UNIDAD CIUDADANA. Para empujar al Congreso hacia un mayor protagonismo, se necesita UNIDAD CIUDADANA. Cristina es la dirigente que con mayor coherencia denunció al gobierno e incluso ha anticipado sus movimientos. Cristina ha sido una legisladora de primerísimo nivel destacándose por su conocimiento de los bemoles parlamentarios. Ella será la artífice de la más amplia unidad ciudadana para torcer este rumbo que sólo conduce al fracaso. Cristina no está sola. Hay un pueblo organizado que la acompaña junto a una lista de compañeros y compañeras que no van a traicionar el mandato por el cual serán elegidos.

Usinas KOLINA