Argentina 2020: La Reconstrucción

 

Hacemenos de 20 días que el Presidente Alberto Fernández tomó posesión de su cargo y ya podemos percibir un giro de 180 grados en las prioridades y en las expectativas. La administración que se fue balbuceó durante 4 años un programa económico inconsistente y pésimamente ejecutado cuyo saldo representa un legado ruinoso para el país en su conjunto. La tarea de nuestro gobierno consistirá en reconstruir desde esta tierra arrasada el proyecto nacional prestándole especial atención al cuidado de los más vulnerables. En ese sentido, los primeros pasos han sido auspiciosos. Con la sanción de la Ley de Solidaridad Social y de Reactivación Productiva se han sentado las bases para ordenar las principales variables y proyectar un sendero de crecimiento con inclusión social.

Quienes hablan de ajuste tergiversan la realidad pretendiendo confundir a la población y horadar la legitimidad de las medidas impulsadas. El concepto de ajuste, como sabemos, arrastra, desde los confines de la historia, un significado vinculado al recorte del gasto público, en especial de las partidas destinadas a la seguridad social y a los servicios de salud y educación públicos. Los gobiernos neoliberales han echado mano, crónicamente, a este tipo de recursos. Así cierran los números los que miran con la nuca a nuestro pueblo. Los peronistas funcionamos de otro modo. Con Alberto y Cristina, nuevamente, estamos dando testimonio de nuestros valores íntimamente ligados a la expansión económica, a la justicia social y a la reivindicación de la ciencia y la tecnología.

La reconstrucción de Argentina demanda, en el corto plazo, distribuir las cargas pidiendo un esfuerzo mayor a los que ocupan el vértice de la pirámide social. Esto se llama progresividad en materia tributaria y no tiene, en absoluto, nada que ver con el ajuste al cual nos había acostumbrado el macrismo. La actualización de las retenciones y el impuesto al “dólar turista” representan así un estricto acto de justicia en este marco de emergencia social. Creemos también oportuna y necesaria la discusión sobre los regímenes previsionales de privilegio más allá de que no sean gravitantes para el erario público. Consideraciones similares le caben a la suspensión del pacto fiscal con las provincias. Nadie debe sentirse con las manos atadas. Estamos cumpliendo con la palabra empeñada en la campaña electoral. Predicamos federalismo y lo realizamos en la práctica.

Amén de reconocer lo oportunamente prometido, no podemos dejar de mencionar la convocatoria a un contrato social donde el mundo del trabajo definirá una hoja de ruta de cara al futuro. No hay posibilidad de éxito sin acuerdos razonables y duraderos. Las democracias sólidas se caracterizan no por suprimir los conflictos sino por integrarlos y resolverlos dentro de los cauces institucionales. Es menester extender este temperamento a todos los órdenes de la vida pública. Saludamos y esperamos con mucho entusiasmo la apertura de todos los debates que nuestra democracia se debe. La seguridad interior, la jerarquización de la educación pública, una política exterior soberana e inteligente, el futuro del trabajo son apenas una muestra representativa de lo que vendrá.

Tenemos que estar unidos a como dé lugar. Con unidad y coherencia, estaremos de pie frente a nuestros acreedores. Seamos claros. Una parte significativa de la acción de gobierno está orientada a mostrar fortaleza a los mercados. Debemos recuperar capacidad de pago, ahuyentar fantasmas y hacer valer, ante los centros de poder internacionales, el mandato popular por el cual fuimos ungidos. Desde afuera ya han tomado nota y los comportamientos recientes fueron promisorios. Bajó el riesgo país y tanto las acciones como los bonos argentinos vienen operando a la alza. Estamos aprendiendo una nueva lección. Para recuperar credibilidad, no hace falta hincar la rodilla ni llorar la carta ante los poderosos. Se puede y se debe mantener la dignidad nacional aún en las condiciones de extrema vulnerabilidad en la que nos han dejado cuatro años de inoperancia y latrocinio.

Sabemos que los pasivos del macrismo no son sólo económicos. Desde esta misma columna, hemos dado cuenta del derrumbe institucional provocado por un gobierno que estuvo más preocupado por perseguir y encarcelar a sus adversarios que en mejorar la calidad de vida de la gente. El mensaje presidencial ante la Asamblea Legislativa fue contundente y esclarecedor en este punto. Partimos de un diagnóstico lapidario que pone en evidencia el contubernio entre jueces, fiscales, sectores de la prensa y servicios de inteligencia. “Los sótanos de la democracia” como dijo Alberto. La intervención de la AFI apunta a la línea de flotación de este régimen que debemos dejar atrás. Resulta imperioso oxigenar la convivencia democrática y transparentar la interacción entre los diferentes poderes del Estado.

2019 fue un año difícil pero finalmente despuntó la esperanza. Todos debemos redoblar nuestros esfuerzos para reconstruir el país. Brindemos por un 2020 con paz, pan y trabajo. Alcemos nuestras copas por nuestros compañeros y compañeras que ya no están con nosotros y no pudieron ver que volvimos mejores. Y brindemos también, sin ningún tipo de especulación, por la libertad de los presos políticos.

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