EL PAPEL QUE CORRESPONDE.

Con un amplísimo margen, el Senado de la Nación consagró en Ley el proyecto que
declara de interés público la producción, comercialización y distribución del papel para
diarios y revistas. Como era de suponer, las fuerzas opositoras y los monopolios
informativos fustigaron la iniciativa por su “celeridad” y por “atentar” contra la
libertad de prensa. Un plato recalentado que ya no convence ni a propios ni a
extraños.
El calendario no deja mentir. El proyecto ha dormido el sueño de los justos por la
resistencia del ahora raído Grupo A. Los contundentes fundamentos del Informe
“Papel Prensa La Verdad” no hicieron mella en la voluntad de la oposición privando
durante más de un año y medio un debate que se debía la democracia argentina. Más
grave aún esta dilación, si se tiene en cuenta el origen infausto de Papel Prensa y su
presunta apropiación coercitiva por parte de los accionistas mayoritarios. De tal modo
y con el recambio legislativo, los bloques del FPV se pusieron al hombro y cumplieron
exitosamente con este y otros proyectos igual de importantes para la agenda oficial.
Nuestra Presidenta y conductora nos recuerda, a menudo, que “no somos neutrales,
estamos del lado de los más vulnerables”. Trasladado a este tema, superar la
neutralidad significa atenuar las asimetrías que implican jugadores con poder
dominante y jugadores residuales. Claro que el gobierno no asume esta posición por
simple benevolencia sino en obediencia con nuestra Carta Magna y con Tratados
Internacionales.
Este proyecto de ley se enmarca dentro del artículo 32 de la Constitución nacional y de
la Convención Interamericana de Derechos Humanos que en su artículo 13 hace
referencia a la libertad de expresión.

Entiéndase qué Papel Prensa es la única empresa que produce papel de diario en
nuestro país y es, por añadidura, un monopolio. Los propietarios de la empresa son
quienes designan cupos y precios en la distribución del mismo generando barreras de
entrada casi absolutas. Frente a esta discrecionalidad y funcionamiento distorsivo, la
nueva Ley no sólo auspicia el acceso igualitario al papel a través de un precio único
para todos sino que también garantiza la transparencia a través de una Comisión
Federal Asesora y la sustentabilidad en el tiempo por intermedio de un Fondo
Fiduciario a tales efectos.
A su vez, esta Ley permite que se valorice la producción nacional. A la fecha, la
producción de papel está lejos de lo que demandan los diarios y revistas de todo el
país. Cristina fue muy clara hace unos pocos días: “no queremos importar ni un clavo”.
Llama poderosamente la atención que con el subterfugio de la libertad de prensa un ex
candidato a presidente “progresista” se pronuncie por la libre importación. En todo
caso no hace más que visibilizar la antítesis con el proyecto nacional y la cara más
amable que pueden mostrar los monopolios.

El liberalismo decimonónico combatió a un despotismo político en nombre de la
libertad y en contra del absolutismo. Empero y más acá en el tiempo y espacio, el
neoliberalismo se impuso a sangre y fuego recortando derechos a las mayorías
populares. Todo, con el beneplácito de los monopolios informativos beneficiarios
directos de las privatizaciones y la desregulación económica. Por ello resulta, cuando
menos, naif pretender la defensa de la libertad cuando lo que se está defendiendo son
los privilegios de los poderosos.
Con el mismo espíritu que orientó a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual,
ésta también fue precedida por una infinidad de instancias donde la sociedad civil
pudo expresarse. Así se anticipó en la misma elaboración, la pluralidad de voces que se
espera para un nuevo mundo comunicacional. La batalla es ardua y de alcances
históricos. El proyecto nacional ocupará orgullosamente su papel en defensa de la
libertad de expresión y el derecho humano a la comunicación. El papel que
corresponde.