ISLAS MALVINAS ‐ ARTICULO DE OPINION.

El legítimo reclamo de Argentina por las Islas Malvinas ha tomado en los últimos años,
a partir de la presidencia de Néstor Kirchner, carácter regional. Las resoluciones de
apoyo al legitimo reclamo que nuestro país se han sucedido en todos los organismos
que nuclean a los Estados de la región.
Desde el MERCOSUR hasta la UNASUR, el ALBA o el recientemente creado CELAC todos
y cada uno emitieron resoluciones apoyando nuestro reclamo.
Sin embargo no faltan mentes colonizadas que defiendan los intereses de Inglaterra.
Sin ir más lejos, aquí tuvimos una muestra de ello con la desagradable columna que
Sylvina Walger escribiera en el diario La Nación. Este tipo de opinión, claro está, no
tardan en recibir un repudio generalizado.
Esto se repite en cada rincón de la región, las mentes colonizadas no son exclusividad
de la Argentina.
Es el caso del hermano país de Costa Rica en donde en una nota de opinión en el diario
La Nación, curiosa casualidad, titulada “Las Malvinas son británicas” se defiende el
dominio de las Islas por parte de Gran Bretaña basándose entre otras cosas en la
autodeterminación de los pueblos y en la posesión, de facto, del Imperio sobre
nuestras islas (Nota completa aquí: 01‐31/Opinion/las malvinas‐son‐britanicas.aspx)
No pudiendo soportar tamaña afrenta y haciendo uso del derecho a réplica nuestro
compañero José Luis Callaci, residente en el hermano país caribeño, envió una carta al
diario en cuestión refutando el mencionado artículo. La misma fue publicada el 10 de
febrero último
(http://www.nacion.com/2012‐02‐10/Opinion/malvinas‐‐argentinas.aspx)
Y amablemente José Luis, que nos mantuvo y nos mantiene al tanto de este y otros
debates que en Costa Rica se suceden en torno a la Argentina, nos envió la carta para
que podamos compartirla. La misma se trascribe a continuación.
Un abrazo fraterno para este compatriota que defiende el proyecto nacional y popular
y los colores de la patria a pesar de los kilómetros que lo separan de su amada tierra.
Malvinas: argentinas
Las islas Malvinas son de su legítimo dueño: el pueblo argentino
Sorprende la publicación de un artículo titulado “Las Malvinas son británicas”. No por
el título en sí, ni por expresar un determinado punto de vista sobre el conflicto de las
Malvinas, sino por lo superficial e irrespetuoso de sus contenidos. Juzgarán los lectores
si el tono empleado, de carácter xenofóbico y despectivo: “Imagínense un mundo que
hubiera sido gobernado por más de 2 siglos por un imperio español, un imperio ruso,
alemán o un imperio japonés…”, son propios o elaborados por los que reinciden en
tratar de contar, desde el 10 de Downing Street, una historia pero al revés.
Los hechos sobre las Malvinas son claros y bien conocidos; han servido para que el
apoyo internacional sobre el derecho a la soberanía argentina, acentuado
recientemente con acciones concretas de países de la región, sea contundente. Desde
hace décadas, las NN. UU. vienen solicitando a las partes que se sienten a negociar.
Esto no ha sido posible porque el Reino Unido desatiende el insistente llamado del
máximo organismo internacional.
Importantes omisiones. Ponerse a hablar de antecedentes históricos omitiendo partes
importantísimas de aquellos que no favorecen una determinada posición constituye,
no solo una falta de honestidad, sino un acto inadmisible y censurable. Las disputas
por las tierras del nuevo mundo fueron muchas y duraron años. Estuvieron
caracterizadas por ocupaciones violentas contra las poblaciones nativas y con
arrebatos, de una a otra potencia, de las establecidas colonias. Un ejemplo de esto
último son las fracasadas invasiones inglesas de principios del siglo XIX para
apoderarse de las colonias españolas del Río de la Plata.
La posesión definitiva de España de las islas Malvinas es el resultado de acuerdos
históricos validados en 1771 por el propio Samuel Johnson, la más distinguida figura de
letras de la historia inglesa. Con la Independencia, lo que era de España se convirtió en
parte de los nuevos países. Las Malvinas pasaron a ser una legítima posesión de
Argentina, que estableció allí una guarnición militar y un importante número de
colonos que se sumaron a la escasa población nativa. La usurpación británica de las
islas Malvinas se dio en circunstancias de un conflicto entre Argentina y los Estados
Unidos que provocó enfrentamientos. La corbeta norteamericana Lexington ataca
Puerto Soledad so pretexto de proteger el comercio de los Estados Unidos y destruye
parte de las defensas argentinas. El 3 de enero de 1833 los ingleses se aprovechan y
toman por sorpresa las islas, en momentos en que el Reino Unido mantenía relaciones
de paz con Argentina.
Estos son los antecedentes de una historia de justos y permanentes reclamos por la
parte despojada por un acto de violencia que algunos califican de simple piratería y, de
prepotencia y soberbia imperial por la otra. Son hechos irrefutables que el autor del
artículo de marras se los brinca de olímpica manera.
Con seriedad, se podría continuar hablando sobre las sublevaciones de criollos gauchos
y nativos que quedaron en las islas. A través del debate público, respetuoso y
mesurado, se pueden aclarar dudas sobre la potestad argentina sobre el archipiélago y
la inmodificable geología que lo hace parte del continente, o por qué hoy las distantes
islas Malvinas tanto interesan a la corporatocracia internacional. Y si lo desea,
igualmente, hablar sobre los actuales habitantes de una factoría militarizada que emite
certificados y licencias internacionales de explotación de riquezas energéticas y
minerales. Pero hacerlo con altura.
LA DAMA DE HIERRO Y LA DICTADURA.
Ignoramos las motivaciones que pudo tener el admirador del imperio británico al decir
que gracias a la “Dama de Hierro” cayó la dictadura argentina.
¿Deliberada provocación, intento de denigrar frente a realidades que nos hablan de un
pueblo que resistió la feroz dictadura genocida? Ignoramos también qué hacía la
admirada “Dama de Hierro” mientras las madres y abuelas de Plaza de Mayo eran
secuestradas y desaparecidas por reclamar la devolución de sus hijos, vivos o muertos,
o de sus nietos arrebatados de los brazos de padres moribundos. Pareciera que cuando
se trata de defender poderosos intereses, en cuenta los que se aferran al pasado
colonial, la perversidad humana (tan bien asumida por la codicia enamorada del poder
y la riqueza) no conoce ni de principios ni de valores, ni cuenta con serios argumentos;
se recurre a cualquier cosa. Las islas Malvinas son de su legítimo dueño: el pueblo
argentino, y no de sus usurpadores.
Mientras se escriben estas líneas, en provocativo acto, la arrogancia hiere una vez más
los sentimientos de pertenencia con un desplante militar en las islas y la publicitada
participación de un miembro de la Corona. El artículo “Las Malvinas son británicas” no
expresa ni los sentimientos ni las convicciones de la gran mayoría de los costarricenses,
que han dado y seguirán dando su activa solidaridad con los justos reclamos del pueblo
argentino.