Juegan con fuego

El pueblo argentino está padeciendo un latrocinio a manos de un gobierno ruin más preocupado en enrarecer el clima político que en llevar tranquilidad a los hogares. Los meses venideros serán dificilísimos para el conjunto de los trabajadores. La inflación creciente terminará de corroer al ingreso popular. Los tarifazos aportarán también su cuota de malestar y angustia en el ánimo social. En vez de enfrentar los problemas, Cambiemos monta una cadena de provocaciones con el objetivo de desviar la atención y desencajar a la oposición. No podemos permitir que este plan siniestro tenga éxito. Debemos cortar de cuajo cualquier tipo de especulación. Si el adversario se vale de lo peor, allí debemos estar para denunciar los atropellos y organizar pacíficamente la bronca de nuestros compañeros y compañeras.

Este es un plan integral de múltiples aristas. Así como multan a sindicatos con la friolera suma de cientos de millones de pesos activan a sus medios y jueces adictos con una sincronización indisimulada. Todos los actores de la vida pública están bajo amenaza en este estado de excepción. Se valen de intrigas, de escuchas ilegales, de “arrepentidos” violando el debido proceso, cometiendo papelones los cuales no cobran notoriedad por el cepo informativo. Esa es otra de las patas fundamentales. Tienen blindada mediáticamente su paupérrima gestión. Como se dijo últimamente, en los medios hoy paga mejor el silencio que hablar de las cosas que pasan. Penosa situación en la que nos han sumergido quienes venían a unir a los argentinos.

En materia económica, sólo atinan a tapar agujeros. Desde Hacienda y el Banco Central, derraman a cuentagotas los dólares del FMI hacia la timba financiera. Los lobos nativos y los de Wall Street olieron sangre y van por todo. Nos han entregado, han puesto el país de rodilla a merced de los acreedores quienes stockean moneda fuerte vislumbrando una cesación de pagos en el mediano plazo. Es un secreto a voces que esto termina mal. Llegan en llantas a 2019 y “el mundo” lo sabe.

Paralelamente, se desploma el mercado y el consumo internos. Ya ni siquiera crece el empleo informal. Las economías regionales están asfixiadas. La devaluación no les devolvió competitividad porque los costos venían dolarizados de arrastre. Ahogaron a las empresas en la incertidumbre en tanto la tasa de interés perfora todas las previsiones. Incluso se prenden señales de alerta en los grupos económicos concentrados, aliados y beneficiarios naturales de este modelo de hambre y exclusión. Nadie se puede fiar de esta pandilla que gobierna el país.

En situaciones ordinarias, la derecha es miserable y peligrosa. Durante las crisis, son peores. Hay que seguir muy de cerca la aplicación del infame decreto con el que desdibujaron la diferencia existente entre seguridad interior y defensa. Así es la derecha. No tienen empacho en cargarse los acuerdos básicos que hicieron posible la convivencia democrática. Se jactan de no tener pasado, de ser nuevos, cuando en rigor de verdad Macri y Vidal hunden sus raíces en los capítulos más oscuros de nuestra historia.

Cesantías indiscriminadas, subejecución y recortes presupuestarios, represión y mentiras por doquier. Están jugando con fuego. Están colmando la paciencia de la gente. Toda la basura se les volverá como un boomerang de no mediar un cambio en serio. La defensa del Estado de derecho exige un compromiso transversal a todas las fuerzas políticas. Sumaremos desde Unidad Ciudadana todo nuestro empeño militante en favor de una alternativa política democrática y con justicia social.

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