Libertad a los presos políticos

Hace casi dos años, en esta misma columna, no dudamos en caracterizar a este gobierno como un gobierno infame pese a que sólo tenían encima un mes de gestión. Podía parecer un exceso pero la realidad lejos estuvo de desmentir aquel diagnóstico. Eran tiempos de decretazos, cesantías indiscriminadas, devaluación y condonación de impuestos para las elites económicas. No obstante, la detención de Milagro inauguraba el capítulo más oscuro del que se tenga memoria desde 1983 a la fecha. No podemos ni debemos correrle el cuerpo a un asunto de esta naturaleza. Debemos exigir y alzar la voz por los compañeros y compañeras que están presos en las mazmorras de la oligarquía. No hacemos distinción alguna. Todos, absolutamente todos, padecen las arbitrariedades de un régimen que ha ultimado al debido proceso, a la presunción de inocencia y a las garantías constitucionales.

Se equivoca el gobierno si entiende que los últimos resultados electorales representan un cheque en blanco. En democracia no se le exige rendición incondicional al adversario ni mucho menos se lo encarcela y se lo humilla. Lamentamos este comportamiento al tiempo que procuramos no caer en ninguna provocación. En paz pero con tenacidad reclamamos el fin de las agresiones de las cuales somos objeto quienes reivindicamos las realizaciones del ciclo histórico kirchnerista. Se equivocan si pretenden disciplinar a fuerza de palos, gases y cárcel. La Senadora Cristina Fernández de Kirchner es un fiel testimonio de coherencia ante el acoso judicial y mediático como también lo son los miles de compañeros y compañeras que enfrentan el saqueo en las calles, fábricas y establecimientos.

Vivimos en un Estado de excepción donde el amedrentamiento es moneda corriente. Montan operativos dantescos con prefectos, gendarmes y policías armados hasta los dientes para resguardar al Congreso de un peligro que sólo pesa en las cabezas de los que quieren hacer pasar saqueos por “reformas”. Más temprano que tarde, se van a caer todas las caretas y no existirá eufemismo alguno para disimular lo indisimulable. Nos conducen al precipicio al compás de una deuda irrefrenable que no demorará en comprometer a todos los activos públicos. La historia es implacable. Los acreedores “vendrán por todo” en el preciso instante en que el gobierno no sabrá donde más ajustar.

La actual hoja de ruta oficial nos brinda un ejemplo esclarecedor. A pedido del FMI, atacan a las prestaciones sociales, a los jubilados, a los niños que perciben la asignación, a los ex combatientes, pensionados y personas con discapacidad. ¿Acaso es posible un latrocinio más repudiable que éste? Y todo para pagar intereses usurarios, alimentar a la burocracia política de la Provincia de Buenos Aires y mantener a raya a los gobernadores peronistas. Látigo y chequera dosificados. Para todo lo demás está Comodoro Py.

Pese a la represión y al blindaje periodístico, el escenario está abierto. El macrismo tiene los números muy ajustados en la Cámara de Diputados por lo tanto sus proyectos podrían naufragar. También cabe la posibilidad que deban hacer concesiones para avanzar. De cualquier modo, han tomado dimensión de una verdad de hierro. La exclusión no es viable en términos políticos. No en vano, han pasado doce años, desde el 2003 al 2015, en los cuales las prioridades fueron el trabajo argentino, el ingreso popular y el bienestar creciente. No en vano, hay un pueblo organizado y legisladores conscientes del partido que nos toca jugar. Nos quieren afuera o en los márgenes del sistema. La respuesta consiste en dotar de sentido a las instituciones y defenderlas a ultranza. En esta misión, nos asisten, por procedencia y convicciones, las tradiciones políticas que mejor han interpretado la democracia y la justicia social. Invocando la madurez de los movimientos nacionales, estamos alumbrando otra huella para el país. En estas fiestas, brindemos por un 2018 sin presos políticos al tiempo que nos comprometemos en la lucha por la libertad.

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