Ni apresurados ni retardatarios

La agenda parlamentaria reciente ha dejado en evidencia el grado de descomposición de este régimen infausto que persigue y encarcela a dirigentes opositores. El testimonio del Juez Federal de Dolores, Alejo Ramos Padilla, ha sido explosivo desde todo punto de vista. El material probatorio presentado resulta incontrastable y nos habla a las claras de la venalidad con la cual se manejan los magistrados y medios adictos al poder de turno. La pelota la tiene el gobierno. Son ellos los que tienen que dar explicaciones  a la ciudadanía del funcionamiento de los servicios de inteligencia, de estos impresentables que pululan en las dependencias públicas armando causas a granel y de la falta de colaboración con la investigación en curso.

Paralelamente, las estadísticas oficiales siguen dando  pésimas noticias. La capacidad ociosa industrial exhibe números alarmantes sólo comparables con la crisis de 2002. No es de extrañar en el marco de un gobierno que ha reventado el aparato productivo con tarifazos y apertura indiscriminada de la economía. El comportamiento industrial durante la era macrista recorta, como pocos indicadores, el contorno de un modelo económico a la deriva cuyo único objetivo consiste en mantener a raya el tipo de cambio. Todas las actividades van a la baja y ninguna está a salvo. Fueron fulminando a las más comprometidas con el mercado interno pero tampoco las que tienen un perfil exportador han esquivado la malaria. El verso de la competitividad ya no corre más. La misma consideración le cabe al “emprendedurismo” y a las declamadas “economías del conocimiento”. ¿Qué futuro pueden tener actividades económicas de avanzada en un país que desestima y desfinancia a la ciencia y la investigación?

Ahora bien, frente a  este panorama de inusitada complejidad para el gobierno cabe preguntarnos por la estrategia de la oposición y, en especial, por nuestra estrategia. En estos tres largos años existió un clivaje que dividió el espectro opositor y, dentro de él, al peronismo. Estuvieron quienes fueron más contemplativos e incluso cogobernaron desde el Parlamento durante los pasajes más álgidos de la transición. Y estuvimos también los que democráticamente dimos la pelea contra el ajuste y la entrega nacional en todos los ámbitos donde nos fue posible.

Este antagonismo ha sido esclarecedor para amplias franjas de la población en la medida en que el kirchnerismo ha permanecido y permanece en el candelero de las preferencias electorales. Y Cristina Fernández de Kirchner, pese a la persecución judicial y mediática, sigue siendo la esperanza para millones de argentinos y argentinas que no se rinden ante una prédica tramposa y miserable. A nuestro juicio, este reconocimiento obedece más a la coherencia actual que a las realizaciones pasadas. Somos los genuinos depositarios de la impugnación integral a este modelo de saqueo y autoritarismo.

Tempranamente, hemos afirmado que los que dividían y dividen las aguas eran ellos y no nosotros. Desde esta misma columna también entendimos que el campo para construir unidad de acción era grande, que se necesitaba generosidad y que el escenario estaba abierto. Y hoy 19 de marzo de 2019, a tres meses del cierre de listas, todavía continúa abierto. Nuestra templanza en momentos difíciles, nuestra coherencia va de la mano con una convocatoria a la unidad. Flaco favor le hacemos a nuestra causa si aceleramos los tiempos, si exponemos a Cristina o, peor aún, si pretendemos imponerle a la compañera condiciones de cualquier naturaleza. Seamos claros. Colgarle premeditadamente a cualquiera de los nuestros el sambenito de candidato presidencial o anticipar un resultado es una torpeza de la cual se vale el adversario para operar en consecuencia. Resulta imperioso comprender que son ellos los que juegan con las blancas y a nosotros nos resta esperar y acumular.

No nos hemos guardado nada en esta lucha. Mantenemos las convicciones y la firmeza en condiciones desfavorables. Pero la política, huelga decirlo, no es solamente arrojo y autoafirmación. El sentido de oportunidad es determinante para hacer buena la suerte. Ni apresurados ni retardatarios. Ni mucho menos ingratos con nuestra conducción.

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