No al ALCA. Hoy como ayer, la misma lucha

Han pasado once años de aquella insigne IV Cumbre de las Américas en la cual los países del MERCOSUR sepultamos la pretensión imperial de convertir a nuestro continente en una maquila enajenada de su destino. No podemos menos que afirmar que aquella decisión, a la vez grave, trascendente y necesaria, fue posible gracias a un liderazgo colegiado y a la sintonía política que exhibieron tanto los Jefes de Estado como las organizaciones populares latinoamericanas que se dieron cita en Mar del Plata en noviembre de 2005.

Ese “No al ALCA” hunde sus raíces en las tradiciones políticas más avanzadas, en las que mejor han interpretado la soberanía, la independencia y la justicia social. A la distancia, podemos vislumbrar el significado histórico de aquellas jornadas, su ineluctable relación con las luchas sociales contemporáneas al tiempo que nos permitimos inscribirlas en la saga política de una región que estaba resuelta a institucionalizar este cambio de época. Retrospectivamente, la IV Cumbre de las Américas se nos presenta como un movimiento iconoclasta en tanto las ideas consagradas en el Consenso de Washington fueron heridas de gravedad deliberadamente por un sujeto político consciente de cuál era el camino incorrecto.

Han pasado once años y desde entonces los protagonistas centrales de aquella jornada, Kirchner y Chávez, ya no están aunque perduren en nuestra memoria. Pero quizás el dato más saliente sea el reflujo de masas y la reacción política que estamos viviendo a escala continental. Los intereses que se vieron afectados en aquella Mar del Plata heroica están volviendo por sus fueros acosando a los movimientos y a los referentes populares. El impeachment contra Dilma y el acoso mediático y judicial contra Cristina son apenas una muestra de este temperamento revanchista. Pero esto no es siquiera lo más grave en tanto nuestra conducción no está sola y puede enfrentar e incluso doblegar a sus adversarios. El verdadero problema es el tendal de heridas sociales que nuevamente va a dejar el neoliberalismo en los barrios y en las calles de Nuestra América.

No por casualidad la reacción vuelve con la misma receta, con los mismos planes diseñados en otras latitudes ajenas a nuestros intereses. Lo que ayer era el ALCA hoy es el TPP. Podrán cambiar los métodos, podrán ser más sofisticados y edulcorar sus lenguajes pero no pueden contra su naturaleza. Como el escorpión, clavarán su aguijón en las expectativas y en los sueños de las mayorías sociales beneficiando a los sectores históricamente favorecidos. Para las organizaciones populares de nuestro continente son tiempos de resistencia pero flaco favor le haríamos a la historia si resignamos nuestra estrategia que no es otra que la integración. Con templanza y firmeza ideológica, honraremos el legado de los Libertadores y de las diferentes generaciones que dejaron todo en la lucha contra el imperialismo.