NUNCA olvidemos

Nunca olvidemos que son ésto.

Ésta es su escala de valores. Su horizonte ético. Su sentido común. Su visión del órden del mundo.

Detrás de sus argumentos, sus prejuicios, sus disfraces, sus comunicadores, su alegría darwinista, sus sinceros deseos de darte la caña para que aprendas a pescar, está ésto.

Si aceptás llevar la cacerola y el uniforme que te congela como un No igual, podés ser parte. Y tenés derecho a consumir la mentira de pertenecer, de aceptar sus valores y hasta podés votarlos.

Pero en el fondo sabés. Y si no sabes igual algo te hace ruido. Y ese ruido o esa verdad ocultada, reprimida, negada se convierte en resentimiento, y el resentimiento en violencia.

Y la violencia la canalizás buscando separarte aun más del que te recuerda que no sos como los que te ofrecieron llevar la cacerola. Y los que te lo recuerdan te rodean; son iguales a vos en el barrio, en el tren y el colectivo, en la escuela pública, en el trabajo… y no van a desaparecer porque para que el dueño de la cacerola exista (con él su mundo al que aspirás pertenecer) tienen que existir los que no la tienen. Los que no son dueños.

Y éstos tienen dos destinos; tocar la cacerola de otros o animarse a algo que ya pudimos y que nada dice que no podamos volvamos a hacer: construir un país donde las ollas nunca estén vacias.

Daniel Ezcurra