La Educación Pública en el país del ajuste

Columna semanal de Daniel Ezcurra en “Arriba Quemando El Sol” por Radio A.

La “derecha moderna” que nos gobierna pareciera tener como punto de arribo de su modelo de sociedad a la Argentina pre-peronista o incluso alguna más atrás en el tiempo.

Hace unos días, con el decreto 638 atentaron contra el acuerdo democrático que no permitía la participación de las FF.AA. en la seguridad interior.

Luego, con el doloroso hecho que conmovió a la comunidad educativa de Moreno con la muerte de la vicedirectora Sandra Calamano y del auxiliar Rubén Rodríguez (como consecuencia de una explosión por un escape de gas que pudo haberse evitado), ponen en tela de juicio otro de los profundos acuerdos de la sociedad argentina que hoy se ve amenazado: la educación pública sostenida por el Estado como herramienta de igualación de oportunidades.

 

Una maestra de la Escuela Nº 49 contó que uno de sus alumnos le preguntó “Seño, ¿ahora cómo seguimos?”. Esa es la pregunta sobre el futuro de la educación argentina y nuestra sociedad debe tener acuerdos básicos sobre cómo responderla. Tales acuerdos son el corazón de una política Educativa por parte del Estado.

 

La pregunta por la educación pública

 

En la última década (2003/2015) el Estado se comprometió presupuestariamente y legislativamente con la inclusión educativa, después de 30 años de políticas neoliberales que destruyeron las bases de la educación pública.  Sin embargo, parece existir un consenso sobre “la crisis de la educación” y sobre que “los pibes saben cada vez menos”. ¿Entonces cómo seguir?.

 

No podemos dejar de ver que detrás de la evaluación sobre la educación pública existe una puja política entre modelos de sociedad: paradójicamente aquellos que acompañaron más o menos explícitamente las políticas educativas neoliberales en el pasado, son los mismos que hacen diagnósticos catastróficos sobre el estado de la educación hoy, obviamente sin asumir ninguna responsabilidad por aquellas políticas.

 

Entonces cuando se dice que “la educación está en crisis” necesitamos preguntarnos ¿de qué crisis hablamos? ¿Desde cuándo existe esta crisis? Y también si todo tiempo pasado fue mejor:

 

Por ejemplo en un estudio realizado por CTERA se destaca que “En la década del 60 sólo el 16% de la población de 18 a 29 años tenía el secundario completo, en 1991 el porcentaje era del 33% y actualmente es del 65%”.

Podemos saber que en 1940 el 90% de los jóvenes no asistía a la secundaria, mientras que un informe de 2015 de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) destaca que en “en términos de igualdad en el acceso, Argentina tiene el mayor promedio regional para todos los quintiles poblacionales, especialmente para los de menores ingresos, en cuyo caso el promedio de inscripción a la escuela secundaria es del 80%, 24 puntos superior al regional”.

No es un dato menor que para 1914 en el paraíso oligárquico tan añorado por algunos había 36% de analfabetismo. Hacia la década de los cuarenta; 14%. En los años 70: 7%. En los 90: 3,7%. En la crisis del 2001: 2,8% y en 2010 llegamos a 1,9%. ¿todo tiempo pasado fue mejor?.

 

Paradójicamente también es cierto que Argentina pasó del puesto 37 en el ranking de 2000 de las pruebas PISA al 59 en 2012. Pero antes de sacar conclusiones a través de una prueba estandarizada que borra las particularidades y puntos de partida de cada sistema educativo, no debe olvidarse que tan sólo llegando al 2009 nuestro país alcanzó el nivel de inversión que muchos de los países (contra los cuales se comparan nuestros logros educativos) tienen hace décadas. Por otra parte; muchos de los técnicos del FMI que han hundido en la miseria a sociedades enteras seguramente hubiesen obtenido, con sus maestrías y doctorados, calificaciones sobresalientes en matemática y ciencias evaluados por PISA, lo cual demuestra que no todo lo que reluce es oro…

 

La disputa de fondo

 

La disputa de fondo que atravesamos como sociedad es sobre si definimos a la educación como una política de Estado que debe incluir a tod@s los que están en condiciones de aprender, fortaleciendo la calidad democrática de los conocimientos, o la concebimos como una mercancía a la que accede quien pueda pagarla.

 

Esta última visión neoliberal necesita destruir el consenso sobre la valoración de la educación pública (y el sostén del Estado a la misma) existente en nuestra sociedad. Por eso el ex-ministro de Educación de la Nación Esteban Bullrich hacía anuncios catastróficos como estos: “Los resultados son malos en general y revelan una terrible crisis educativa. Además, Argentina está cayendo en los rankings regionales. Los problemas se agravan en matemática, se agravan en el secundario y se agravan en la escuela estatal”. O la gobernadora María Eugenia Vidal en un evento del Rotary Club de Buenos Aires se preguntaba “¿Es equidad que durante años hayamos poblado la Provincia de Buenos Aires de universidades públicas cuando todos los que estamos acá sabemos que nadie que nace en la pobreza en la Argentina hoy llega a la universidad?”.

 

Nuestra sociedad tiene que tener cuidado y hacer memoria: En los años 80 también existió una profunda campaña contra lo estatal (y las empresas públicas) donde señalando sus posibles deficiencias se exigía su extinción. La sociedad argentina aceptó esas premisas. ¿Cuál fue el resultado?: Las privatizaciones, las AFJP, todo lo estatal fue entregado al mercado y terminamos en el 2001 en una de las más profundas crisis de la historia de nuestro país.

 

La evaluación negativa de la educación realizada por los técnicos neoliberales no promueve avanzar en la senda de financiamiento estatal de la educación pública, la formación continua y en servicio de los docentes o en los escenarios necesarios para la profundización de la organización de la comunidad educativa que estabilicen un piso para una educación de calidad, sino por el contrario lo que recetan es la privatización y reducción del servicio educacional.

 

La propuesta educativa de Cambiemos

 

Las ideas neoliberales ancladas en el darwinismo social y en la meritocracia, en la noción de  subsidiaridad del Estado con su prédica de la “libertad de elegir” y en la visión instrumental  de la educación como aporte estatal en la formación de mano de obra para el mercado, son el bajo continuo de ideas fuertemente arraigadas en nuestra sociedad. Heredera de las pedagogías del terror y de la exclusión instaladas por el despliegue del modelo neoliberal; la poderosa idea de “utopía individual” (que tuvo centralidad a la hora de la vuelta de la derecha al gobierno a través del voto popular) debe ser un terreno de nuestra atención política:

 

Si la vivienda, el salario, la educación, la salud, pierden su condición de derechos universales para ser recursos cuyo acceso regula el mercado, su falta deja de constituir un problema de las políticas públicas y deviene en problema de particulares. Así, se define al mercado, como única fuente legítima de asignación de recursos y de lugares en la sociedad, capaz no sólo de dirimir los conflictos sino también de lograr la eficiencia y la calidad.

 

Según este elitista cuerpo de ideas, el Estado cuando interviene para atender las desigualdades agrava el mal que pretende curar, porque es incapaz de administrar eficientemente los recursos. Por ello, nos dicen, es necesario realizar una profunda transformación educativa que, sin aumentar el presupuesto, le otorgue un destino eficaz a lo existente. Se receta la primacía de la iniciativa privada y del libre comercio, la entronización de la economía de mercado, asociada a la reducción del gasto público y a la creación de contenidos afines a la consolidación de la mirada neoliberal.

 

Esa matriz educativa excluyente tiene una genealogía: Entre sus fuentes se destacan el neoliberalismo que se basa en el individuo, la meritocracia y las políticas privatistas; el conservadurismo religioso que propugna la formación en valores que naturalizan las desigualdades, como así también políticas subsidiaristas y el desarrollismo modernizante que considera que la educación es rentable si responde a las necesidades del mercado o la empresa y además, que la educación es una inversión individual cuyo retorno es también fundamentalmente individual, por lo cual transferirle esa responsabilidad al Estado es inoperante y hace al individuo irresponsable e incompetente.

Y con estas premisas llegamos a la realidad que describe un informe que entregaron los gremios docentes al gobierno de María Eugenia Vidal el 19 de mayo de este año enumerando las deficiencias edilicias de las 12.000 escuelas públicas de la provincia; que van desde plagas de murciélagos, mamposterías rotas, entradas anegadas, filtraciones de agua, paredes fisuradas, pozos ciegos desbordados, techos con peligro de derrumbe hasta sistemas eléctricos y de gas deficientes.

 

La hoja de ruta del paradigma educativo de Cambiemos no es una creación propia sino un adaptación acrítica del cuerpo de recomendaciones de las usinas neoliberales de poder global que buscan instalar que la educación no es un derecho sino un negocio. Sus ítems salientes son:

 

  • Diagnósticos falsamente catastróficos para la deslegitimación de la educación pública.
  • Ajuste presupuestario, sub-ejecución y desfinanciamiento de la educación pública en materia de infraestructura educativa, recursos didáctico-pedagógicos, salario docente, condiciones de trabajo, programas socio-educativos, definiciones político-pedagógicas y formación permanente de sus trabajadores, mientras se mantienen los subsidios a la educación privada.
  • Apertura del presupuesto de la educación pública a las empresas, fundaciones y ONG´s privadas. Buscando promover los valores del mercado en el interior del sistema educativo y ampliar los negocios de las empresas privadas en el campo de la educación.
  • Pseudo federalización de las políticas educativas que buscan la fragmentación del sistema y el intento de abandono del Estado nacional de su obligación de garantizar el derecho social a la educación.
  • Introducción de sistemas de evaluación estandarizados como forma de asignación de recursos a través de la competencia por un mejor “rendimiento en el aprendizaje”.
  • Importación de formatos pedagógicos, alianzas público-privado y modelos de liderazgo educativo con la lógica del mercado para introducir sus valores en los sistemas públicos.
  • Ataque a las herramientas sindicales docentes para avanzar en la flexibilización laboral

 

La educación pública ¿ortopedia social para un mercado de trabajo degradado?

 

Según esta visión, ¿para qué sirve la educación pública?: Según la OCDE la educación pública debe “asegurar el acceso al aprendizaje de aquellos cuya exclusión de la sociedad en general se acentuará a medida que otros van a continuar avanzando”…  de lo que se desprende que el mejor servicio que puede dar la escuela pública es maximizar la posibilidad de los sectores más humildes de ingresar al mercado de trabajo.

Es decir que la creación de ciudadanía, la formación humanista, la inclusión y la igualación social, la capacidad de pensar el mundo para intervenir en su transformación ya no serían los objetivos de la educación sino adquirir herramientas para poder adaptarse al mercado de trabajo, fundamentalmente a los estudiantes de menores recursos.

 

Entonces, si la tarea del docente y directivo debe orientarse hacia ampliar competencias laborales, entendemos que es importe, aun desde la perspectiva neoliberal, analizar cuál es el mercado de trabajo en el cual vamos a querer vincular a los jóvenes:

“En el 2015 el número de personas desempleadas en el mundo ronda los 197.1 millones, 27 millones más que antes de la crisis del 2009. La pérdida de empleos se concentra en los países en desarrollo. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que en estos últimos el desempleo crecerá para 2.5 millones de personas en 2016 y el empleo vulnerable (trabajadores por cuenta propia y trabajadores familiares) en otros 25 millones en los próximos 3 años”. (Le Monde Diplomatique Colombia).

¿Enseñamos el “sálvese quien pueda” para adaptarse a este inhumano mundo del trabajo o construimos conocimiento colectivo para buscar superarlo en una sociedad más integrada?.

Tomar partido es ejercer nuestros derechos ciudadanos

Los principales dirigentes de los gremios docentes bonaerenses solicitaron, antes de los dolorosos hechos de la muerte de Sandra y Rubén en su escuela de Moreno, una audiencia a la gobernadora María Eugenia Vidal. Los sindicatos denuncian el “desfinanciamiento de la educación pública” que tiene consecuencias en la vida diaria de las escuelas.

En ese contexto, enumeran las problemáticas que consideran centrales, como infraestructura escolar, falta de cargos docentes, cierre de cursos y escuelas, traspaso de formación profesional al ministerio de Trabajo, cierre de carreras y brutal disminución de becas en educación superior, escuelas sin conectividad, formación docente, servicio alimentario escolar, sistema de licencias médicas, Ioma, sistema previsional, paritaria salarial.

En medio del romance del gobierno con el FMI, este ajuste se cristaliza en el presupuesto y seguramente se profundice: “Al analizar el proyecto de presupuesto educativo provincial 2018, encontramos que tiene una nueva reducción en relación a la participación de la DGCYE (Dirección General de Cultura y Educación) en el gasto total. Para recuperarla, se requieren $30.357 millones”

La disputa con este paradigma educativo es pedagógica, ideológica, social y política y nos atraviesa de múltiples maneras. Por acción u omisión tod@s tenemos un lugar en ella. Cambiemos vino a transformar regresivamente la sociedad ofreciendo futuro por pasado. La educación pública está en juego. De nosotros como comunidad depende su futuro.