Rascando en el FONDO de la olla

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Finalmente al término del túnel no había ninguna luz, sino el Fondo. Desde esta misma columna, con mucha preocupación, vislumbrábamos el callejón sin salida al cual nos conducía el macrismo. En razón de verdad fuimos muchos, miles, quienes anticipamos esta bancarrota durante las campañas electorales de 2015 y 2017. No fue magia ni erudición, sólo el resultado de un análisis político e histórico de nuestro adversario. Pero ahora nada de eso importa. No es tiempo de pavoneos.  En este cuadro de situación acuciante, tendemos nuestra mano solidaria al conjunto del pueblo, en especial a los sectores más castigados por esta crisis autogenerada.

Vendieron a la baja, devaluaron y subieron la tasa en cuestión de días. Ese fue el sospechoso orden de prelación. Los capos de las finanzas, los que juegan en la Champions League, quemaron todos los libros. Pecando de candidez, podríamos decir que, cuando menos, hubo mala praxis. De cualquier modo, más tarde que temprano se deberá investigar este episodio y los responsables rendirán cuentas ante la justicia. La misma consideración es extensiva a la deuda ulcerosa contraída por esta administración. No hay herencia que valga como excusa. Los capos la chocaron solitos producto de la indolencia con que manejan la cosa pública.

La estructura económica argentina se caracteriza por su desequilibrio y sus tensiones crónicas. Para conducir todas las particularidades con el menor conflicto posible, se necesita intervención estatal inteligente. Determinación, solvencia y una comprensión cabal de las asimetrías existentes; aptitudes esquivas para el elenco oficial. Y si a todo esto le sumamos una errática política exterior, la combinación es explosiva. Desregularon todo en el preciso instante en que el mundo se volvía sobre sí mismo. Guerra de monedas, comercial, de tasas. Ese es el contexto global que el macrismo no quiso o no pudo ver. Las anteojeras ideológicas y el revanchismo pesaron como una losa en la cabeza del oficialismo.

Estamos hablando de un “equipo” a la deriva. Le están practicando un torniquete a un modelo herido de gravedad que se desangra a borbotones. Dispersos en ministerios, secretarias y direcciones varias – muchas de ellas con nombres desopilantes – no hacen más que evidenciar inconsistencias técnicas y falta de coordinación política. Se verán, en lo inmediato, en la obligación de ponerle el cascabel al gato. El FMI no hace filantropía. Cualquier acuerdo que se precie de tal tendrá contraprestaciones dolorosísimas en lo económico y en lo social. No hay evidencia empírica que demuestre lo contrario. El Fondo viene por todo.

A las cosas hay que llamarlas por su nombre. Esto es una entrega en una sucesión de entregas de diferentes cuantías. Y lo más bochornoso no es esta cadena infame de traiciones al mandato popular. Esta entrega es la antesala de entregas mayores. De prosperar esta iniciativa, en el mediano plazo, vendrán por los activos, por las empresas estatales, por el sistema de seguridad social, por la salud y la educación públicas.

Es una falacia decir que no hay otra alternativa. A la restricción externa  y a la caída del volumen exportador, se las enfrenta haciendo girar la rueda del consumo y el mercado interno. Resulta imperativo un programa de emergencia donde la prioridad sea la gente. Suspender tarifazos, dejar correr las paritarias, aumentos de emergencia para los haberes mínimos y AUH pueden ser algunas medidas para reactivar la economía. Como contrapartida, se deberían restituir los controles cambiarios y la obligación de liquidar divisas a los proveedores de dólares comerciales. Reducir el gasto, en esta encrucijada, es una sentencia de muerte. No soluciona el frente externo y le abre las puertas a una recesión brutal.

A la par que mayores certezas en el plano económico, los argentinos necesitamos una opción opositora, una esperanza para contrapesar los fracasos estrepitosos de Cambiemos. Ha sido muy auspicioso el reciente reagrupamiento opositor en Diputados, el cual permitió la sanción parcial de un proyecto resuelto a frenar el tarifazo. Ese es el camino. Unidad de acción en el Parlamento y en las calles. Organización popular para atenuar las políticas de hambre y miseria. Militancia y formación para ofrecerle a nuestro pueblo un horizonte de soberanía y justicia social.

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