Telón Final

2 septiembre, 2019 @ 15:10

Por Daniel Ezcurra

Una ironía se dibuja sobre este final de mandato de Cambiemos, la cual causaría gracia de no ser evidente la herencia ruinosa que nos dejan. Terminan ajusticiados en manos de los privilegiados por este programa económico agonizante. Llegan en llantas, con la lengua afuera, los que venían a cuidar los stocks, a recomponer los precios relativos, a ordenar “la macro” y a diseñar un nuevo perfil de especialización para la estructura productiva. No cumplieron nada.

Los “cultores” de la previsibilidad, los que montaron una teoría utilitarista fallida en razón de sacrificar el presente sacrificando también el futuro, terminan como empezaron: en un círculo vicioso signado por la devaluación, la inflación y la carestía popular. En estas horas dolorosas, nos permitimos una amarga reflexión. Qué cara nos salió, a los argentinos, la aventura de esta pandilla de improvisados, oportunistas e inescrupulosos.

Ahora, en el marco de esta reprogramación de vencimientos de deuda, acuden al Congreso cuando tiempo atrás lo desconocieron en el tratamiento de temas similares. Seamos categóricos. No están planteando un debate honesto en términos intelectuales. Como en tantas otras ocasiones, pretenden “socializar las pérdidas”, corresponsabilizar de su ineptitud a otro poder del estado y, en especial, a la oposición. En plena estampida, se van del poder dinamitando los puentes con quienes les prestaron apoyo – por razones de estado – en momentos difíciles.

Así se explican los exabruptos de los voceros oficiales y oficiosos a los gobernadores peronistas que, ajustados a derecho, elevaron sus demandas ante la Corte en defensa de las finanzas provinciales a raíz de las recientes medidas de público conocimiento. Sobre el particular adherimos, en un todo, a lo expresado por Alberto Fernández.

El impulso al consumo tiene efectos positivos y multiplicadores siempre que se inscriba en el marco de un plan integral de crecimiento con inclusión social. Planteado como lo plantea este gobierno – que además es un gobierno en retirada – de forma inconsulta y desesperada, las medidas no tendrán otro destino que no sea el fracaso.

Desde diciembre de 2015, sostuvimos que Cambiemos nos conducía a una bancarrota. Desregularon todo en el preciso instante en que el mundo se volvía sobre sí mismo. La guerra comercial, de monedas y de tasas nos agarró en un nivel de vulnerabilidad inaudito. Bastó que el mercado nos bajara el pulgar y todo se cayó a pedazos. La autoridad monetaria comenzó a correr detrás de la divisa norteamericana, los salarios detrás de los precios y la política detrás de expectativas e intereses ajenos a los del pueblo argentino. Las inconsistencias, sumadas a los errores y al fuego amigo, trajeron como consecuencia esta calamidad económica y social. Será menester, de cara al futuro, ajustar la caracterización de esta etapa a partir de la evidencia empírica.

En lo político, llevaron su agenda a carpetazos limpios sostenidos por sus medios y jueces adictos. La perversa estrategia respaldada en la ingeniería social 2.0, en la “microsegmentación” y en la granja de trolls se estrelló de frente contra la contundencia de la voluntad popular. Toda la basura y el odio diseminado se les volverán como un búmeran y pesará sobre sus conciencias el haber destruido la convivencia democrática.

En esta misma columna, tempranamente, dimos cuenta del derrumbe institucional provocado por el macrismo. Se valieron de las peores maniobras para copar el Poder Judicial, distribuir negocios y beneficiar a los mismos de siempre. Allí están, en las cárceles federales, los presos políticos sin condena atestiguando el miserable revanchismo emprendido por el gobierno en estos 4 años.

Si de algo podemos sentir orgullo los argentinos, es de la madurez democrática de nuestro pueblo. El castigo llegó en las urnas como corresponde. La reelección no es un derecho adquirido para nadie y mucho menos para los personeros de modelos excluyentes, de hambre y miseria.

Ahora cuando muchos abandonan el barco renegando del proyecto al cual abrazaron, el Frente de Todos es garantía de prudencia, continuidad institucional y cumplimiento del calendario electoral. La esperanza de millones fue depositada en una fuerza amplia, democrática y federal, portadora de un horizonte de igualdad y justicia.

Los desafíos venideros son de una complejidad inusitada. El país necesitará a los mejores hombres y mujeres de estado. La etapa demandará intervención estatal inteligente, precisión de cirujano y una base de sustentación política amplia y generosa. Todos tenemos que ser artífices de un contrato social con prioridades claras: el trabajo, la soberanía nacional, el estado de derecho.

Como militantes, tenemos tiempo hasta el 27 octubre para seguir persuadiendo y sumando adhesiones a las candidaturas de Alberto y Cristina. Ampliar la masa crítica electoral, la representación, el repudio al experimento neoliberal macrista y el apoyo al futuro gobierno nacional y popular es un imperativo. Desde Kolina, redoblaremos nuestros esfuerzos en esa dirección.


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