Terremoto con T de Trump

Quienes aspiramos a transformar la realidad no debemos dejarnos ganar por el estupor. Las bravuconadas de Trump son anecdóticas. Cometeríamos un severo error si reducimos el análisis a la personalidad y relegamos los aspectos estructurales de este acontecimiento (nunca tan apropiada la categoría).

En las elecciones de EEUU se vieron las caras las dos fracciones dominantes del capital que pugnan por resolver la crisis internacional de acuerdo a sus intereses. Como en el Brexit, las fuerzas “endógenas” le asestaron un golpe a los “globalistas” y cabe preguntarnos si con estos dos traspiés acaso la consabida globalización no fue herida en su centro de gravedad.

Para propios y extraños, Trump se revela como un enigma y nuevamente la moneda está en el aire. ¿Existe alguna evidencia empírica que le permita a Trump reeditar un capitalismo de cuño fordista y, por añadidura, cumplir con sus promesas de campaña? ¿Se animará finalmente a poner en pie el muro de la infamia o sólo se trataba de pirotecnia proselitista? ¿El proceso de paz en Colombia y el vínculo diplomático con Cuba se encuentran bajo amenaza en esta nueva coyuntura? ¿El aislacionismo a lo Salazar que predica fortalece o debilita al multilateralismo encarnado en los BRICS y apuntalado desde la Santa Sede?

No podemos inferir de los datos objetivos mucho más de lo que éstos exhiben. La candidata del mundo de las finanzas era Hillary no Trump; y la victoria de este último  expresa cabalmente la enorme crisis por la que atraviesa el sistema de dominación global. Trump no es más que el síntoma del deteriorado mercado interno yanqui en detrimento de las cadenas globales de valor y la des-localización de la producción mundial.

Por las expectativas que generó, por las enemistades que desató y por lo explosivo de su programa, Trump, aún sin asumir, se enfrenta a un campo minado. No es de extrañar que recrudezcan las contradicciones de los bloques dominantes, las tensiones sociales, raciales y de toda naturaleza. En un mundo donde los flujos financieros se mueven al compás de un time line, la arcadia blanca e industrial que proyecta Trump parece más una expresión de deseos y menos un proyecto viable. Esta consideración es extensiva a su inaudita prescindencia sobre los temas calientes de la política exterior. En todo caso, el magnate juega con las blancas y a los otros líderes del planeta sólo les resta esperar y seguir expectantes la transición.

Terremoto, tsunami, tremebundo. Va todo con T de Trump mientras el pánico se apodera de las redes sociales y la perplejidad hace lo propio con los analistas internacionales. Pero, desde luego, lo verdaderamente preocupante es el paso en falso del gobierno. Apostaron fuerte a Hillary y ahora piruetean buscando acomodar los tantos. Malcorra se anotó otro gaffe; el tercero, siendo generosos, si sumamos su frustrada candidatura a la ONU y el bochornoso tratamiento de la cuestión Malvinas.

Desde esta misma columna, sostuvimos la fragilidad de la política exterior del macrismo. Dijimos que depositaban la suerte del país en variables exógenas en el marco de un mundo que se cierra sobre sí mismo y procura exportar su desocupación. La realidad es incontrastable. El gobierno quiere contrarrestar la recesión con deuda sin prestarle atención a la inminente suba de tasas a escala internacional. El gobierno quiere aumentar los saldos exportables reduciendo el “costo argentino” mientras cae la demanda y se libra una guerra de monedas. Lamentablemente, nos conducen a un callejón sin salida. El coktail es explosivo: reducción de salarios, del consumo, déficit fiscal, comercial y aumento exponencial de la deuda externa.

Si algún aprendizaje nos deja el fenómeno Trump es el rechazo que despierta en las masas la hegemonía financiera y sus personeros políticos. Pudimos comprobar, en el mismo corazón del imperio, que son vulnerables más allá de las particularidades del bipartidismo y del sistema electoral estadounidenses. Trump ha reunido detrás su candidatura intereses antagónicos y propuestas inverosímiles. Los pueblos de Nuestra América no debemos confiar más que en nuestras propias fuerzas para perseverar en la lucha y derrotar a los adversarios de siempre.

Usinas KOLINA