Un año sin Néstor. La herencia del jardinero.

La historia nos ha enseñado que sus sujetos son, precisamente, los pueblos. Pero en
ocasiones, hay hombres y mujeres que si no la determinan al menos la condensan.
Este fue el caso de Néstor. A un año de su desaparición física, urge reflexionar sobre su
legado. Como militantes populares a esta pregunta no la debemos asumir como un
simple ejercicio “hagiográfico”. Por el contrario, la asumimos en función de fortalecer
su proyecto, que es el nuestro, y así honrar su memoria.
La larga noche neoliberal culminó en diciembre de 2001. Pero dice el refrán, que no
por mucho madrugar se amanece más temprano. Esto es, si bien hay una ruptura en
aquellas jornadas no supuso una salida por la positiva. Las cosas llevaron su tiempo. El
sol tardaría en asomar y salió, nuevamente, un 25 de mayo. Aquella plaza, la
expectativa y, sobre todo, aquél discurso de notable vigencia para nosotros pero no
para un periodista que por estos días y curiosamente afirma que su imagen es un mito
sin contenido y que es difícil recordar algún discurso de Kirchner.
Salir del infierno, para él, no era una tarea automática. Con el despegue productivo,
previa devaluación mediante, no alcanzaba para cimentar un proyecto de mayorías. El
que parecía una figura menor o un chirolita, tenía para sorpresa de propios y extraños
una visión propia de cómo enfrentar la crisis.
Dicen que las crisis se dirimen entre lo viejo que no termina de morir y lo nuevo que no
termina de nacer. En efecto, las demandas acumuladas en años de luchas sociales
encontraron su cauce a partir de un actor sobre el cual muchos no tenían confianza. Es
que casi sin legitimidad de origen, menos votos que desocupados, lo suyo fue pura
voluntad política de transformación. Así fue que mientras los mismos de siempre le
reclamaban ortodoxia económica y sujeción, propuso autonomía. Procuraban olvido y
perdón y bajó los cuadros. Auspiciaban el derrame y auspició la intervención del
Estado.
Interpeló a los que estaban recluidos en lo social y a los que visualizaban al Estado
como lo ajeno. Invitó a cruzar el “mostrador”. Más que devolvernos la política, la puso
sobre sus pies. Porque ella estuvo presente durante la saga neoliberal pero
subordinada a la gestión y a un relato de la resignación. En esta redefinición de
alcances epocales, nos convocó a soñar una patria justa, libre y soberana. Nos convocó
a transgredir, a avanzar y a profundizar.
Claro que los cambios de paradigma no son gratuitos y mucho menos si son en
beneficio de las mayorías populares. Hace por lo menos 3 años, un sujeto reactivo se
constituyó para desandar lo andado. Se los enfrentó con mayor o menor suerte y
cuando la suerte parecía estar echada para el proyecto nacional luego de las
elecciones legislativas de 2009, Néstor y también Cristina nos dejaron otra lección. Del
laberinto se sale por arriba. O de otra forma: si no avanzás, retrocedés. Y entonces se
sucedieron las medidas más importantes de las últimas décadas: la nacionalización de
las AFPJ y de Aerolíneas, la AUH, el Argentina Trabaja, etc.
Hace un año y a minutos de la penosa notica, con dudoso buen gusto desde los
principales matutinos de nuestro país se exhortaba a la Presidenta a modificar el
rumbo. La respuesta se la dio el pueblo en la calle agradeciéndole a Néstor y dándole
fuerza a Cristina. El modelo se defendió en esa fabulosa movilización que cavó una
trinchera y plantó una consigna: nunca menos.
Muchos historiadores se aproximan a los procesos políticos por el camino de la
mónada, es decir ese instante en que queda reflejada toda una vida y en una vida toda
una época, y en una época toda la historia. El 27 de Octubre de 2010 pasó una de esas
cosas que nos habilitan a percibir con toda nitidez los mojones en la vida de un país.
A un año, preguntarnos por la herencia de Néstor consiste en recuperar
colectivamente ese instante de peligro que supone la política en una perspectiva
emancipadora. Esa firmeza que no implica temeridad sino una sesuda conciencia de
obrar de acuerdo a lo que se cree. “No voy a dejar mis convicciones en la puerta de la
Casa Rosada” y vaya que no lo hizo.
Poco antes de su partida en un acto con Alicia, desafió: “que florezcan mil flores”.
Desde Kolina y desde las Usinas procuramos abonar esa germinación. Formarnos y
formar, generar masa crítica, construir ese puente de plata generacional pero a su vez
sincrónico con todos los sectores del campo nacional. Es momento de la militancia
popular y de asumir más responsabilidades. Néstor, el jardinero, el que se anticipó a
los tiempos por venir, estará agradecido.